A veces no vivimos con miedo de que alguien se vaya… vivimos sin saber que muchas de nuestras decisiones llevan años intentando evitar ese dolor.
Durante muchos años nunca imaginé que algunas de mis decisiones podrían estar relacionadas con el miedo al abandono.
Entre mis veintes y hasta que me case me aburría muy rápido de mis relaciones. A veces aparecía alguien que me llamaba más la atención. Otras veces, simplemente sentía que ya no quería seguir.
Nunca me pregunté por qué.
No sufría cuando terminaba una relación. No perseguía a nadie. No me costaba irme.
De hecho, casi siempre era yo quien daba el primer paso para terminar.
Y durante mucho tiempo pensé que eso hablaba de mi personalidad.
Hasta que un día, muchos años después, mientras leía sobre el miedo al abandono, apareció una idea que me dejó completamente en silencio.
¿Y si no me iba porque dejaba de querer?
¿Y si me iba porque, en algún lugar muy profundo de mí, necesitaba asegurarme de que nadie pudiera dejarme primero?
Nunca lo había visto de esa manera.
Y, sinceramente, todavía hoy me impresiona pensarlo.
Porque hay cosas que hacemos durante años creyendo que son decisiones conscientes… cuando en realidad son mecanismos que aprendimos para protegernos.
El miedo al abandono no siempre se ve como imaginamos
Cuando escuchamos hablar del miedo al abandono solemos imaginar a alguien que depende emocionalmente de su pareja, que necesita atención constante o que vive aterrorizado porque lo dejen.
Pero con el tiempo descubrí que no siempre se presenta así.
A veces se disfraza de independencia.
De autosuficiencia.
De esa facilidad para decir:
“No importa, sigo sola.”
A veces se convierte en una costumbre de no profundizar demasiado en las relaciones.
O de irse antes de que exista la posibilidad de ser quien se quede esperando.
Y otras veces aparece de formas mucho más silenciosas.
Quizá te cuesta confiar.
Quizá interpretas un cambio de actitud como una señal de rechazo.
Quizá haces demasiado por los demás por miedo a que dejen de quererte.
O quizá, como me pasó a mí, nunca imaginaste que ese miedo pudiera estar detrás de algunas de tus decisiones.
La historia que yo me contaba
Cuando era niña, mi mamá se fue.
No recuerdo exactamente el momento. Era demasiado pequeña.
Pero sí recuerdo la historia que construí alrededor de esa ausencia.
Durante muchos años no pensé que yo no fuera suficiente.
La frase que más repetía en mi cabeza era otra.
“Mi mamá nunca quiso tenerme.”
Y crecer creyendo eso cambia muchas cosas.
Porque cuando una niña siente que no fue deseada, empieza a preguntarse, aunque nunca lo diga en voz alta, si realmente merece ocupar un lugar importante en la vida de alguien.
Con los años entendí que esa era mi interpretación.
No necesariamente la verdad.
Mi mamá tenía su propia historia, sus propios miedos, sus propias limitaciones.
Hoy puedo imaginar muchas razones por las que tomó las decisiones que tomó.
Tal vez era demasiado joven.
Tal vez no sabía cómo ser mamá.
Tal vez creyó que al dejarme con mi papá estaría mejor.
Tal vez simplemente estaba intentando sobrevivir a su propia vida.
Nunca lo sabré con certeza.
Y curiosamente, ya no necesito saberlo.
Porque comprendí algo que cambió profundamente mi manera de mirar el pasado.
Las decisiones de mi mamá hablaban de ella.
No del valor que yo tenía como hija.
Cuando quise entender por qué me sentía así…
Después de esa revelación empecé a leer.
No porque quisiera encontrar culpables.
Quería entenderme.
Y me sorprendió descubrir que psicólogos, neurocientíficos, psicoanalistas y terapeutas llevan décadas estudiando algo que muchas personas vivimos sin ponerle nombre.
Cada corriente lo explica de una forma distinta, pero casi todas coinciden en algo:
El miedo al abandono rara vez aparece de la nada.
La psicología del apego
Nos dice que la forma en que fuimos cuidados durante la infancia influye en cómo vivimos nuestras relaciones de adultos. Cuando el amor fue impredecible, distante o ausente, podemos crecer con una mayor sensibilidad a la posibilidad de perder a quienes queremos.
La neurociencia
Ha descubierto algo fascinante: el rechazo social activa regiones del cerebro muy parecidas a las que procesan el dolor físico. Es decir, cuando sentimos que alguien importante nos rechaza, nuestro cerebro no lo vive como un simple disgusto; puede experimentarlo como una verdadera amenaza.
La terapia cognitivo-conductual
Explica que muchas veces reaccionamos desde creencias profundas que aprendimos sin darnos cuenta: “si me conocen de verdad, me dejarán”, “tengo que hacer feliz a todo el mundo para que me quieran” o “si alguien se aleja, seguramente hice algo mal.”
La terapia de esquemas
Habla de personas que viven esperando, casi sin darse cuenta, que quienes aman terminen yéndose, incluso cuando no existe ninguna evidencia de que eso vaya a pasar.
El psicoanálisis
Propone que nuestras primeras experiencias de separación dejan una huella profunda en la forma en que construimos los vínculos afectivos.
La psicología humanista
Autores como Carl Rogers plantean que el miedo al abandono empieza a perder fuerza cuando dejamos de depender de la aprobación de los demás para sentir que valemos.
Otras miradas
También existen corrientes como las constelaciones familiares o algunas perspectivas espirituales que interpretan el miedo al abandono desde dinámicas familiares o aprendizajes del alma. Muchas personas encuentran sentido en estas explicaciones; sin embargo, es importante saber que no cuentan con el mismo respaldo científico que la psicología clínica o la neurociencia.
Lo más bonito de todo lo que leí no fue descubrir quién tenía razón.
Fue descubrir que no estaba sola.
Tal vez todos cargamos una historia
Mientras investigaba, entendí algo que me acompañó durante días.
Dos personas pueden vivir exactamente la misma experiencia y construir historias completamente diferentes sobre ella.
Una puede pensar:
“No era el momento.”
Y otra concluir:
“Nunca fui suficiente.”
Los hechos pueden ser los mismos.
Lo que cambia es la historia que empezamos a contarnos.
Y muchas veces vivimos décadas creyendo que esa historia es la única posible.
Reescribir no significa borrar
No podemos cambiar lo que vivimos.
No podemos volver atrás y hacer que las personas tomen decisiones diferentes.
Pero sí podemos preguntarnos algo que, al menos a mí, me cambió la vida.
¿Y si la historia que llevo años creyendo no es la única forma de entender lo que pasó?
No para justificar.
No para minimizar el dolor.
Sino para dejar de cargar una culpa que nunca nos perteneció.
Hoy quiero dejarte una pregunta
No una respuesta.
Porque en Entre Incomprendidas no venimos a decirle a nadie cómo debe sanar.
Solo quiero preguntarte algo.
¿Hay alguna historia sobre ti que has repetido tantas veces que ya la das por cierta?
Quizá nació cuando eras muy pequeña.
Quizá apareció después de una pérdida.
Quizá alguien más te la hizo creer.
Y quizá…
solo quizá…
hoy puedas empezar a mirarla con un poco más de compasión.
“Quizá sanar no siempre consiste en olvidar lo que vivimos… sino en dejar de creer que aquello que hicieron otros definía el valor que siempre tuvimos.”
Con Cariño… Milena ♥
¡Entre Incomprendidas, nos comprendemos mejor!
Si alguna vez sentiste que el miedo a perder a alguien ha influido en tus decisiones…
Si has descubierto que una herida del pasado todavía escribe algunas páginas de tu presente…
O si simplemente necesitabas leer que no eres la única que alguna vez intentó protegerse sin darse cuenta…
Quiero que sepas que este espacio también es para ti.
💌 Puedes escribirme a historias@entreincomprendidas.com o compartir tu historia de forma anónima o no.
Aquí no vamos a juzgarte.
No vamos a decirte qué deberías hacer.
Solo vamos a escucharte.
Porque, a veces, descubrir que otra mujer también sintió lo mismo…
es el primer paso para dejar de sentirnos tan solas.
Por respeto a ti…
Todo lo que lees en Entre Incomprendidas nace de experiencias reales, propias o compartidas por otras mujeres. Cuando hablo de temas relacionados con la psicología, procuro investigar y apoyarme en fuentes confiables, pero nunca con la intención de dar diagnósticos, reemplazar un proceso terapéutico o decirte cómo deberías vivir tu historia.
Mi único propósito es abrir conversaciones, comprender un poco mejor lo que sentimos y recordarte algo que, a veces, olvidamos:
No estás sola.
Y si quieres ahondar más en el tema, te dejo la Bibliografía consultada:
Teoría del apego
- Bowlby, J. (1969). Attachment and Loss. Volume I: Attachment. Basic Books.
- Ainsworth, M. D. S., Blehar, M., Waters, E., & Wall, S. (1978). Patterns of Attachment. Lawrence Erlbaum Associates.
Terapia de esquemas
- Young, J. E., Klosko, J. S., & Weishaar, M. E. (2003). Schema Therapy: A Practitioner’s Guide. Guilford Press.
- Young, J. E., & Klosko, J. S. (1993). Reinventing Your Life. Plume.
Neurociencia del rechazo social
- Eisenberger, N. I., Lieberman, M. D., & Williams, K. D. (2003). Does Rejection Hurt? An fMRI Study of Social Exclusion. Science, 302(5643), 290–292.
Trauma y memoria emocional
- van der Kolk, B. (2014). The Body Keeps the Score. Viking.
Psicología humanista
- Rogers, C. R. (1961). On Becoming a Person. Houghton Mifflin.
Vulnerabilidad y vergüenza
- Brown, B. (2010). The Gifts of Imperfection. Hazelden Publishing.
Epigenética y trauma
- Yehuda, R., et al. (2016). Holocaust Exposure Induced Intergenerational Effects on FKBP5 Methylation. Biological Psychiatry.
Perspectiva espiritual (sin evidencia científica concluyente)
- Bourbeau, L. (2000). Las cinco heridas que impiden ser uno mismo.
