No vemos la vida como es. La vemos desde todo lo que hemos vivido. Como es tu forma de ver la vida?

Dos personas pueden vivir la misma realidad y, sin embargo, habitar mundos completamente distintos. A veces la diferencia no está en lo que ocurre, sino en la historia desde la que aprendimos a mirar la vida. No vemos la vida como es. La vemos desde todo lo que hemos vivido.

Hace unos días escuché a dos personas hablar de una misma situación, las dos acababan de perder su trabajo.

Una decía con desesperanza:

«Esto era lo único que me faltaba.»

La otra, aunque también estaba preocupada, respondió:

«No sé por qué pasó, pero encontraré la forma de salir adelante. Tal vez llegó el momento de hacer eso que llevo años queriendo hacer.»

Las dos estaban viviendo exactamente el mismo problema, las dos sentían incertidumbre, las dos tenían miedo y, sin embargo, parecían estar viviendo dos realidades completamente distintas. Mientras las escuchaba pensé que, quizá, la vida no siempre cambia tanto como creemos, muchas veces lo que cambia es la manera en que la miramos.

Con el tiempo entendí que nuestra forma de ver la vida no aparece por casualidad. Se va construyendo poco a poco con las experiencias, las personas que conocemos y la historia que vamos viviendo.

Porque, si lo pensamos bien, todos creemos que vemos la realidad tal como es. Pero ¿y si no fuera así? ¿Y si, en realidad, cada uno de nosotros estuviera mirando la vida a través de todo lo que ha vivido?

¿De dónde nace nuestra forma de ver la vida?

No vemos la vida como es. La vemos desde todo lo que hemos vivido.

Durante muchos años pensé que todas las personas miraban el mundo de una manera parecida, creía que, frente a una misma situación, todos llegábamos más o menos a las mismas conclusiones, con el tiempo descubrí que no, nuestra forma de mirar la vida no aparece de un día para otro. No nacemos viendo el mundo como un lugar seguro o como un lugar peligroso, esa mirada se va construyendo poco a poco. Con las palabras que escuchamos cuando éramos niñas, con la manera en que nos consolaban cuando llorábamos. con la forma en que nuestros padres resolvían los conflictos, con las pérdidas, con las decepciones, con los silencios, con el amor que recibimos… y también con el que nos hizo falta.

Cada experiencia deja una pequeña huella y esas huellas, con el tiempo, terminan convirtiéndose en los lentes invisibles con los que observamos el mundo, por eso hay personas que crecieron creyendo que la vida siempre encuentra una salida y otras que aprendieron a esperar el próximo golpe, ninguna de esas formas de mirar apareció por casualidad,

La misma realidad puede sentirse completamente diferente

Pensemos en algo cotidiano…

Recibes un mensaje que dice:

“Necesito hablar contigo.”

Hay quien sonríe y piensa:

“Seguro quiere contarme algo importante.”

Y hay quien siente inmediatamente un nudo en el estómago.

Empieza a preguntarse qué hizo mal.

Si decepcionó a alguien.

Si la van a rechazar.

El mensaje era exactamente el mismo, lo único que cambió fue la historia desde la que cada una lo interpretó.

Lo mismo ocurre cuando una madre no responde una llamada.

Algunas personas piensan:

“Debe estar ocupada.”

Otras sienten:

“Seguro está molesta conmigo.”

O cuando una amiga cancela un café.

Hay quien simplemente reorganiza su agenda.

Y hay quien pasa el resto del día preguntándose si hizo algo que incomodó a la otra persona.

La realidad era exactamente la misma, lo diferente era el lugar desde donde cada una la estaba mirando y eso me hizo comprender algo que me parece profundamente humano, muchas veces no reaccionamos únicamente al presente, también reaccionamos a todas las veces que nos sentimos abandonadas, a todas las veces que nos criticaron, a todas las veces que sentimos que no éramos suficientes, a todas las veces que aprendimos que equivocarnos tenía consecuencias, sin darnos cuenta, el pasado sigue conversando con el presente.

La historia que también construyó mi manera de mirar la vida

Mientras escribía este artículo me hice una pregunta, ¿Por qué yo siempre he visto la vida de esta manera? No porque mi vida haya sido perfecta, no lo ha sido, he vivido momentos muy difíciles, he sentido miedo, he llorado, he tenido que empezar de nuevo más de una vez, migré a otro país, me divorcié, he tenido que reconstruir proyectos, aprender cosas desde cero y volver a levantarme cuando pensé que todo se había complicado y, sin embargo, cuando miro hacia atrás, no recuerdo mi vida como una historia triste.

Al contrario.

A mis 52 años puedo decir, con absoluta honestidad, que siento que he tenido una vida muy bonita, y no porque nunca me haya pasado nada malo, sino porque nunca permití que lo malo fuera lo único que contara mi historia.

Creo que parte de esa manera de mirar la vida nació en mi infancia, recuerdo una frase que repetía mi papá constantemente…

“Todo tiene solución… menos la muerte.”

Cuando era niña no entendía la profundidad de esas palabras, hoy creo que esa frase hizo mucho más que enseñarme a ser optimista, fue construyendo mi forma de ver la vida, me enseñó una manera distinta de enfrentarme a ella.

No evitó que sufriera, no hizo desaparecer los problemas, pero sembró dentro de mí una convicción silenciosa que incluso en los momentos más difíciles siempre podía existir una posibilidad que todavía no alcanzaba a ver y esa idea me ha acompañado durante toda mi vida.

La fe también cambió mi manera de comprender mi historia

Hay otra parte de mi historia que también influyó profundamente en la forma en que veo la vida, nunca tuve una mamá presente y claro que hubo momentos en los que sentí esa ausencia, preguntas que nunca pude hacer, abrazos que imaginé, momentos importantes en los que habría querido tenerla cerca, no voy a decir que eso no dolió, porque sí dolió, pero, con el paso de los años, empecé a comprender mi historia de una manera distinta. Siempre he tenido una fe muy profunda en Dios y, aunque esta es únicamente mi forma personal de interpretar la vida, muchas veces he sentido que Él me compensó de otras maneras.

No devolviéndome lo que no tuve, eso nadie puede hacerlo.

Sino regalándome una vida llena de personas buenas, oportunidades, aprendizajes y momentos que hoy agradezco profundamente, he amado, he construido una familia, he tenido dos hijas maravillosas, he conocido personas que han sido un regalo para mi vida, he podido empezar de nuevo más de una vez, he descubierto fortalezas que nunca imaginé tener y cuando miro mi historia completa, no siento que el dolor ocupe el lugar principal.

Siento que, incluso en medio de las dificultades, la vida siempre terminó regalándome razones para seguir creyendo en ella. No creo que la vida siempre me haya sonreído, creo que, incluso cuando lloré, nunca dejé de buscar motivos para volver a sonreírle yo a la vida y esa decisión ha cambiado profundamente la manera en que interpreto todo lo que me ocurre.

Hay momentos en los que el optimismo no alcanza

Pero también aprendí algo que considero importante decir, hay dolores para los que ninguna frase bonita sirve, cuando estamos atravesando una pérdida, una enfermedad, una traición o una crisis importante, muchas veces lo último que necesitamos escuchar es:

“Todo pasa por algo.”

“Sé positiva.”

“Mañana será otro día.”

A mí, por lo menos, nunca me ha consolado.

Porque hay heridas que primero necesitan sentirse escuchadas. No explicadas. No minimizadas. E s c u c h a d a s.

Comprender una historia nunca significa negar el dolor que existe dentro de ella.

Comprender también nos devuelve libertad

No todas las personas recibieron el mismo amor, no todas crecieron sintiéndose seguras, no todas tuvieron las mismas oportunidades, no todas cuentan con la misma salud mental, por eso me cuesta tanto juzgar la manera en que alguien mira la vida. Porque nadie conoce los lentes con los que esa persona aprendió a observar el mundo.

Sin embargo, también creo que comprender nuestra historia abre una pequeña puerta, no cambia lo que vivimos, no borra las heridas, no elimina las cicatrices, pero sí nos devuelve algo muy valioso, la posibilidad de preguntarnos si esa forma de mirar la vida sigue siendo la única posible y, para mí, ahí empieza una forma de libertad.

No la libertad de olvidar, ni la libertad de negar el pasado, me refiero a la libertad de no permitir que sea el único narrador de nuestra historia.

La vida… o la historia que nos contamos sobre ella

Quizá la vida nunca ha sido completamente buena ni completamente mala, quizá siempre ha estado hecha de luces y sombras, de pérdidas y encuentros, de despedidas y nuevos comienzos.

Lo que cambia con el paso de los años no es únicamente lo que vivimos, cambia el lugar desde donde aprendemos a mirar y tal vez ahí esté una de las formas más bonitas de comprendernos.

Entender que muchas veces no estamos reaccionando solo a lo que sucede hoy, también estamos respondiendo a todo lo que un día nos enseñó a mirar el mundo de esa manera.

No podemos cambiar la infancia que tuvimos, no podemos borrar las palabras que alguna vez nos marcaron, no podemos evitar que ciertas experiencias hayan dejado cicatrices.

Pero quizá sí podamos hacer algo diferente, podemos empezar a preguntarnos, con curiosidad y sin juzgarnos:

¿Estoy viendo esta situación como realmente es… o la estoy mirando a través de toda mi historia?

Porque, a veces, el cambio más profundo no ocurre cuando la vida cambia, ocurre cuando comprendemos que la realidad nunca llega sola, siempre pasa primero por el filtro de todo lo que hemos vivido y cuando descubrimos eso, dejamos de pelearnos con la vida para empezar, poco a poco, a comprender también la manera en que aprendimos a mirarla.

Tal vez nunca podamos elegir todo lo que nos sucede, pero sí podemos detenernos, respirar y preguntarnos qué significado queremos darle a lo vivido.

“Quizá no podamos cambiar todo lo que vivimos. Pero siempre podemos empezar a comprender desde qué lugar estamos mirando nuestra vida. Y, a veces, esa comprensión es el primer paso para empezar a verla de una manera diferente.”

Con Cariño… Milena

 

Si alguna vez has sentido que ves la vida de una manera que ni tú misma logras comprender…

Si te has preguntado por qué ciertas situaciones te afectan más que a otras personas…

O si empiezas a descubrir que muchas de las respuestas que das hoy también nacieron de la historia que has vivido…

Quiero que sepas que este espacio también es para ti.

💌 Puedes escribirme a historias@entreincomprendidas.com y compartir tu historia, de forma anónima o con tu nombre, si así lo deseas.

Aquí no venimos a decirte cómo deberías ver la vida.

Venimos a comprender contigo que, muchas veces, no vemos la realidad como es, sino desde todo lo que hemos vivido.

Porque, a veces, descubrir que otra mujer también aprendió a mirar el mundo a través de sus heridas, de su esperanza o de su historia… es el primer paso para comprender la nuestra.

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