Ser tu Prioridad sin sentir culpa: El verdadero amor propio!

A veces sentimos que siempre estamos dando a los demás. Cuando escuchamos o leemos sobre “amor propio”, pensamos: “Hey, es verdad, siempre estoy para todos y la última persona en la que pienso soy yo”.

No lo hacemos conscientemente; simplemente estamos en piloto automático: ayudando, consolando, aceptando, dando… todo. Y cuando digo todo, me refiero a nuestros recursos, tiempo, individualidad, espacio, amor… todo lo que creemos que debemos dar para ser amadas o aceptadas.

Pero… ¿y nosotras? ¿Quién nos abraza, nos comprende o nos da espacio para respirar?

La herencia de mujeres dadoras

Hemos sido criadas por madres generosas, sacrificadas, que a su vez fueron criadas por mujeres iguales. Muchas de nosotras crecimos viendo que la entrega era sinónimo de amor, y que dar, aun en exceso, era algo noble.

Cuando escuchamos la palabra amor propio, nos damos cuenta de que existimos y que, inconscientemente, nos damos muy poco o casi nada. Este descubrimiento a veces asusta: nos hace sentir que hemos estado viviendo “en función de otros” y que nos hemos olvidado de nosotras mismas.

El amor propio va más allá del cuerpo, las posesiones, gustos o éxito. Comenzar a comprendernos significa perdonarnos, hacer un alto y mirar nuestra vida tal como ha sido, entendiendo que muchas decisiones pasadas fueron lo mejor que supimos hacer en ese momento.

No juzgarse tan duro

No podemos juzgar a nuestro yo del pasado con la madurez del presente, ni al presente con la del futuro. Juzgarnos tan duro nos hace cargar con situaciones que ya no podemos cambiar, y nos impide avanzar.

Piensa en esto: somos compasivas con todo el mundo, pero a veces crueles con nosotras mismas. ¿Por qué? Creo firmemente que es porque no nos enseñaron a amarnos desde niñas.

Quizá nos sentimos juzgadas, humilladas, calladas… y eso hizo que de adultas nos diéramos tan poco valor. Nos reconocemos a través de otros: la pareja, los hijos, las amigas. Sabemos que debemos amarnos, pero no sabemos por dónde empezar.

Qué significa realmente el amor propio

Muchas veces pensamos que el amor propio es darnos regalos, masajes o viajes. Pero va mucho más allá. El amor propio es acción consciente hacia nosotras mismas.

Algunas formas de practicarlo:

  • Poner límites a las personas que nos hieren, aunque sean familiares o amigos cercanos.
  • Aprender a pedir ayuda, sin sentir que estamos fallando.
  • Poner nuestro bienestar por encima de las expectativas de otros, incluso cuando nos sentimos culpables.
  • Abrazarnos y ser compasivas con nosotras mismas, reconocer nuestro esfuerzo y valor diario.
  • Rendirse cuando ya no podemos más, sin sentir que estamos fracasando.
  • Dejar que la casa se caiga o que no todo salga perfecto, sin culpas ni reproches.

Para mí, eso es amor propio, y debemos empezar por ahí. No se trata de regalos materiales, sino de cuidarnos, respetarnos y permitirnos existir plenamente.

Ejemplos cotidianos de amor propio

El amor propio se puede practicar en pequeñas acciones diarias, que muchas veces parecen insignificantes, pero que marcan la diferencia:

  1. Decir “no” sin miedo a compromisos que nos sobrecargan.
  2. Tomar 10 minutos al día para nosotras, aunque sea para respirar, meditar o tomar un té.
  3. Reconocer nuestros logros, por pequeños que parezcan, sin esperar la aprobación de otros.
  4. No permitir que palabras hirientes nos definan.
  5. Permitirnos llorar o descansar, aunque otros esperen que siempre seamos fuertes.

Cada pequeño gesto cuenta. Son semillas de cuidado propio que, con el tiempo, florecen en confianza, paz y autoestima.

Perdonarnos es el primer paso

Antes de cualquier cambio profundo, necesitamos perdonarnos. Mirar atrás y entender que hicimos lo mejor que supimos en cada momento, con los recursos y conocimientos que teníamos.

Lo que hoy vemos como un error o una equivocación fue en su momento la decisión más correcta para nosotras. No tiene sentido castigarnos con juicios injustos: somos humanas, no máquinas, y el aprendizaje forma parte de nuestra vida.

No es fácil. Yo todavía no lo consigo del todo, pero cada día intento y trabajo en ello. Haciéndome consciente de que el verdadero amor propio empieza dentro de mí, en mis pensamientos, palabras y acciones.

Si alguna vez sentiste que dabas más de lo que recibías, que te olvidabas de ti misma o que tu voz no importaba, hoy es un buen momento para empezar a cuidarte, a abrazarte y a honrarte.

Te invito a hacer un pequeño ejercicio hoy: pregúntate qué necesitas para sentirte valorada y cuidada, y hazlo. Puede ser algo tan simple como un descanso, un abrazo a ti misma, un límite claro o una palabra amable que te digas frente al espejo.

Cada acción consciente hacia ti misma es un acto de amor propio.

Con amor… Milena

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *